miércoles, 7 de marzo de 2018

MIRADOR DE CUENTOS: Matilda, las bonobas y otras feministas de cuento


Los días 30 de enero y 27 de febrero se celebraron dos nuevas sesiones de nuestro club de lectura, "Mirador de cuentos", dos encuentros que convocaron a una veintena de docentes, madres y bibliotecarias en torno a los libros infantiles.

El motivo escogido en este trimestre, "Feminismo y emancipación en la literatura infantil", se concretaba en varias lecturas dedicadas a los cuentos que han roto moldes de género, relatos con protagonistas femeninas rebeldes, que toman las riendas de su vida: Matilda, de Roal Dahl; La historia de los bonobos con gafas, de Adela Turín y Nella Bosnia, y una variada selección de biografías de grandes mujeres.

Matilda o la emancipación familiar

El encuentro de enero tuvo como protagonista a Matilda, de Roald Dahl (Alfagura), un paradigma especial por el particular punto de vista de su creador: feroz con el mundo adulto y en clara complicidad con la infancia. En esta sesión nos interesaba especialmente la actitud proactiva de Matilda, su resolución para deshacerse de la parte más negativa de su vida —una familia necia y opresora— e independizarse. Para ello, recurre a una nueva figura materna, elegida por ella: la señorita Honey, que representa unos nuevos valores de afecto y convivencia.  
Matilda es un libro delicioso —y uno de los preferidos por los niños y niñas lectores—, pero, ante todo, es un símbolo de libertad y esperanza, una muestra de que la vida puede dar un giro si afrontamos las dificultades con resolución y valentía. 

Además de Matilda, en esta sesión revisamos otros títulos que afrontan temáticas similares desde muy variados puntos de vista:, como en El deseo de Ruby, de Shirin Yim Bridges, sobre una niña China empeñada en llegar a la universidad a pesar de lo que dictan las tradiciones, que le reservan una vida sumisa y privada al cargo de las tareas domésticas; similar argumento encontramos en Rula busca su lugar, un relato de Mar Pavón con hermosas ilustraciones de María Girón, un libro que muestra el importante papel de la cultura —más en concreto de los libros— en la emancipación femenina; también en Elenita, un cuento de Campbell Geeslin ilustrado por Ana Juan, se encuentra  esa voluntad por alcanzar los propios sueños, en este caso dar salida a la vocación artística de Elenita quien, a pesar de la oposión paterna, quiere ser sopladora de vidrio.

En otros libros, la ruptura de estereotipos de género convierte a las protagonistas en valientes luchadoras, como la joven Tanga (Tanga y el gran leopardo, de Roberto Malo), la hija del hechicero que se enfrenta a un terrible leopardo para salvar la paz de la tribu; para ello, debe traspasar el rol femenino asignado, al igual que Igraín, el personaje creado por Cornelia Funke, que quiere ser nombrada caballera, o Cecilia, de Lawrence Schimel, cuyo máximo deseo es conocer a un dragón.

Así, las mujeres de estos relatos se enfrentan al rol que les ha sido asignado para alcanzar sus aspiraciones personales. Pero esa emancipación, esa ruptura con el mandato familiar, se aprecia de un modo especial en las protagonistas adultas de algunos cuentos: la Mary de Corre, corre, Mary, corre, de N. M. Bodecker, cuyo nivel de hartazgo ante el menosprecio de su pareja va subiendo paulatinamente de tono hasta un desenlace tan sorprendente como liberador; La señora Meier, creada por Wolf Erlbruch, cuyas preocupaciones desaparecen el día en que decide aprender a volar; o la tortuga Clementina, de Adela Turín, quien se enfrenta a una insatisfactoria vida conyugal y lucha por ser ella misma.

Todos ellos son ejemplos de cómo la literatura infantil puede ofrecer obras de calidad y, al mismo tiempo, promover la reflexión y la toma de conciencia. En nuestra tertulia se destacó  el empeño de estas mujeres por superar las imposiciones sociales, su tenacidad en el cumplimiento de sus objetivos, su resiliencia ante las más duras situaciones y, por supuesto, la esperanza como salida y motor de sus vidas.

 

Rebelión social: la hora de las bonobas 

Tras este primer encuentro, la sesión de febrero desplazaba el objetivo: de la emancipación personal a la rebelión social. Para ello se seleccionó un panorama editorial limitado pero muy significativo, en el que destacaron títulos como Las lavanderas locas, de John Yeoman (ilustrado por Q. Blake), las dragonas no muerden, de Dagmar Mueller y varios libros de la colección "A favor de las niñas", de las italianas Adela Turín y Nella Bosnia (Las cinco mujeres de Barbanegra, Cañones y manzanas,  Rosa Caramelo e Historia de los bonobos con gafas). 
La colección "A favor de las niñas" es una interesante iniciativa editorial que las autoras pusieron en marcha en Milán en los años setenta con el fin de combatir la discriminación de género. En cinco años publicaron más de veinte cuentos, obras que han tenido una gran influencia en la educación por la igualdad, no solo en Italia, sino en muchos otros países. Los libros de esta colección proponen unos modelos de situaciones, relaciones y roles de género muy diferentes a los que predominaban en la literatura infantil tradicional. En España fueron publicados en su día por la editorial Lumen, aunque más recientemente, otras editoriales como Kalandraka, Nube Ocho o Pamiela han incorporado a su catálogo varios títulos de esta colección, como Rosa Caramelo, Una feliz catástrofe o el mencionado Arturo y Clementina. Cuarenta años después de su creación, resulta más que llamativa la vigencia de todas estas historias, lo que dice mucho sobre la capacidad literaria de sus autoras y también, lamentablemente, sobre la situación de la mujer en la sociedad contemporánea: la anhelada igualdad sigue siendo una tarea pendiente.

En el marco de esta colección, cuyos títulos ofrecen variadas reflexiones sobre el género y los roles sociales, La historia de los bonobos con gafas es un cuento especialmente significativo en la divulgación del feminismo entre el público infantil.

El relato está ambientado "hace muchos, muchos años", en un bosque de manglares, en el que una comunidad de simios (humanizados) vivía organizada según los roles tradicionales del patriarcado: ellos comían y parloteaban, ejercían el poder político, y holgazaneaban; ellas, mientras, recolectaban la comida y cuidaban de la prole, trabajando de sol a sol.  Hasta que un día los bonobos decidieron instruirse y enviaron una delegación a Belfast para que aprendiera inglés. 

Los cuatro simios elegidos (los "más guapos") volvieron de su pretencioso viaje con maletas negras y gafas de sol, que utilizaban como premio para quienes consiguieran repetir las cuatro palabras aprendidas (su iniciativa formativa no dio más de sí). Las bonobas quisieron participar del curso de idiomas, pero sufrieron las burlas de los machos. Cansadas de tanto desprecio, se marcharon a otro bosque con sus hijos. Allí comenzaron una nueva y feliz vida, con su propia cultura, fértil, diferente e igualitaria.

El análisis de este álbum ilustrado fue una gozosa experiencia para nuestro club, por la cantidad de elementos simbólicos, todo un juego de pistas gráficas y textuales que las lectoras fuimos recorriendo en grupo y comentando pormenorizadamente: 

Las maletas negras: habitualmente, este objeto, que suele acompañar a la corbata como símbolo de autoridad masculina, aporta también una connotación económica, de negocios. El equipaje traído desde Belfast por los machos simboliza su patrimonio, la dote con la que se arman dentro del grupo y, al mismo tiempo un receptáculo venerable que pasa a ser el centro de las ceremonias de poder: el examen de idioma.

- El examen de inglés: este ritual iniciático permite mostrar la asimilación cultural de los monos, su adhesión a la nueva moda traída desde el extranjero: un nuevo (y extraño) lenguaje que, aunque suena absurdo, permite acceder a un nuevo plano de poder ("Las bonobas les daban doble ración de frutos y bayas, de nueces y semillas, de raíces y brotes").

Las gafas de los bonobos: representan la vanidad; se trata de un elemento frívolo que permite a estos simios atribuirse una aparente superioridad.  No quieren compartirlas con sus compañeras porque es un signo de distinción, un modo de mantener su privilegiada condición. Al final del cuento, cuando las palabras importadas fueron olvidadas, las gafas (que, por cierto, pronto demostraron ser un estorbo para la vida práctica) fueron abandonadas y "la hierba creció sobre las maletas negras y las gafas rotas".

- El pañuelo de las bonobas: esta prenda evidencia cómo un simple adorno sirve de coartada al poder social establecido para marginar a la mitad de la población y alejarlas de los atributos de poder: "Pero los bonobos no les daban gafas, porque era costumbre que las bonobas llevasen un pañuelo que les cubría la cabeza y las orejas. Y así era imposible que las gafas se sostuvieran en su sitio". El cuento pone también de manifiesto cómo la sociedad patriarcal utiliza el recurso al ridículo para sancionar a quien quiere salirse del rol de género atribuído: "Algunas bonobas intentaron quitarse el pañuelo para poder colocarse las gafas, pero las risas y las burlas de los bonobos fueron tales que enseguida volvieron a ponérselo". 

- Sociedad bonoba: la especie elegida para protagonizar este cuento ha sido cuidadosamente escogida por las autoras: es uno de los más llamativos ejemplos de matriarcado, una sociedad pacífica en la que las hembras se comportan con sororidad, enfrentándose a los machos acosadores. En la tertulia se comentaron algunos interesantes artículos sobre el tema. 

- Las lecturas de las bonobas: una mirada atenta a las ilustraciones reveló interesantes detalles, como el nombre de la autora de uno de los libros de cabecera de las bonobas en su nueva vida: Kate Millet. La escritora estadounidense es todo un referente del feminismo y su ensayo Política sexual, incorporó la idea de que "lo personal es político". Sin duda, toda una inspiración en este cuento. (También resultó curioso recuperar fotografías de la escritora en la década de los 70, cuando se publicó por primera vez este álbum, y descubrir sus habituales gafas negras de llamativa montura redonda ¿un guiño cómplice de la ilustradora a las adultas lectoras?).

- El marco teatral: el relato tiene una estructura metanarrativa: esconde un cuento dentro de otro. A modo de llave, o de paréntesis, la historia se abre con un grupo de cachorros sentados frente a un escenario de marionetas, esperando que empiece la función. Al pasar la página ya estamos situados en un nuevo plano simbólico: "Hace muchos, muchos años., los bonobos vivían en un bosque...". Este paréntesis se cierra en el texto final, en el que el narrador omnisciente sugiere el reencuentro entre los machos y la nueva cultura fundada por las féminas, aunque "...sobre esto nada se sabe con certeza porque esta historia ocurrió, como sabéis, hace muchos, muchos, años". Mientras, en la ilustración, el grupo de bonobitos se marcha jugueteando, dejando atrás el escenario de títeres donde ha quedado aquella lejana historia; un final abierto hacia el futuro (la nueva generación camina hacia la derecha, saliendo de plano), en el que esa vieja historia del pasado se presenta como superada y en el que, por cierto, ningún personaje lleva lazo ni gafas.
Un cuento esperanzador, en opinión de las lectoras del "Mirador de cuentos", una propuesta estimulante para una generación infantil que camina, imparable, hacia una nueva sociedad más igualitaria. 

Las referencias completas de los títulos mencionados pueden consultarse en las guías de lectura elaboradas por nuestra biblioteca:
- Literatura infantil:  ¿Princesas? Mejor niñas · Printzesak? hobe neskak
- Lecturas sobre feminismo: Feminismo para leer · Feminismoa irakurgai
(todos los libros incluidos están disponibles en nuestro catálogo)
 
Villar Arellano

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