viernes, 19 de agosto de 2016

La cabaña de Roald Dahl y otros refugios de escritores

Una de las curiosidades sobre Roald Dahl, el protagonista este verano en nuestra biblioteca, es que escribía en una pequeña casita de ladrillo que tenía en el jardín. Había personalizado un pequeño escritorio que situaba sobre los brazos del sillón orejero donde habitualmente se sentaba.

Quentin Blake, el ilustrador que trabajó con él durante quince años, comentaba en The Guardian sobre la cabaña: “todo el interior estaba organizado como lugar para la escritura, así que el viejo sillón orejero tenía el respaldo mullido para que fuera más confortable, tenía un saco de dormir que ponía en su regazo cuando tenía frío y un taburete para descansar las piernas”.

Leonardo Da Vinci decía que “las pequeñas habitaciones y refugios disciplinan la mente, mientras las grandes la debilitan”. Tal vez por eso, son varios los ejemplos de escritores que se recluían en cabañas en mitad del bosque o en pequeñas casetas instaladas en sus propios jardines para dar rienda suelta a su espíritu creativo.

 Estos son algunos ejemplos:


Henry David THOREAU (1817-1862)

Abogó por la vida sencilla y la contemplación de la naturaleza como un camino para lograr la plenitud y la tranquilidad. Construyó con sus manos la pequeña cabaña donde viviría y trabajaría en esa época y allí surgiría su mítica obra Walden.
El refugio de unos 14 metros cuadrados era de madera con chimenea tradicional de piedra, tejado a dos aguas y dos ventanas. Contenía cama, mesa, escritorio y tres sillas.

Consulta aquí sus obras disponibles.


George Bernard SHAW (1856-1950)

El escritor irlandés trabajó durante los últimos veinte años de su vida trabajando en una diminuta y espartana cabaña de madera instalada en el jardín de su casa de Saint Albans, Hertfordshire (Inglaterra).

La choza estaba instalada sobre una plataforma rotatoria de forma que pudiera orientarla hacia el sol y así aprovechar al máximo la luz natural. Pasaba tanto tiempo allí que la equipó con electricidad, teléfono y sistema de alarma.

Consulta aquí sus obras disponibles.


Dylan THOMAS (1914-1953)

Considerado uno de los renovadores de la literatura inglesa en la primera mitad del siglo XX, tenía una poderosa voz que contribuyó a que su obra poética se popularizara gracias a sus recitales en la BBC.
 
En The Boat House, su casa de la costa galesa, aprovechó un viejo garaje como estudio. Tenía un pequeño escritorio contra una ventana, y una modesta librería. Dibujos, pinturas y fotografías decoraban las paredes.

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Mark TWAIN (1835-1910)

En una carta fechada en 1874 a un amigo describía así su refugio: “es el estudio más encantador que pudieras ver... octogonal con tejado de pico y cada una de sus caras cubierta por una generosa ventana... colgada en completo aislamiento en lo alto de una elevación que preside leguas de valle y ciudad... es un nido acogedor y habitación suficiente para sofá, mesa, y tres o cuatro sillas. ¿Y cuando las tormentas barren el valle remoto y los rayos destellean entre las colinas y más allá, y la lluvia golpea el tejado sobre mi cabeza? Imagina su suntuosidad”.

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Virgina WOOLF (1882-1941)

La escritora británica resaltaba en su obra Una habitación propia la importancia de tener un refugio para trabajar. Ella escribía en una pequeña cabaña de madera pintada de blanco situada en su jardín de Monk’s House (Sussex, Inglaterra), junto al campo de una iglesia. Lo llamaba “el refugio de la escritura”, y allí escribió varias de sus obras más importantes.

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Neil GAIMAN (1960-)

Entre los árboles de su jardín Gaiman posee un refugio de madera con planta hexagonal y un pequeño balcón. En alguna ocasión ha comentado: “uso el gazebo por épocas. Lo uso, lo abandono por cinco años y luego lo redescubro con placer. Me gusta caminar hacia el fondo del jardín y sentarme a escribir... está justo fuera del alcance de la conexión inalámbrica de la casa, lo que es una buena cosa”.

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August STRINDBERG (1849-1912)

El dramaturgo y pintor sueco concibió la mayor parte de su obra en una pequeña cabaña de madera en Kymmendö, una pequeña isla del archipiélago de Estocolmo. El lugar es recordado como la isla de
Strindberg porque le sirvió de inspiración para la novela Gentes de Hemsö, ambientada allí.

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Knut HAMSUN (1859-1952)

El ganador del Premio Nobel de Literatura en 1920 admiraba la vida bucólica y rechazaba la gran ciudad por lo que en 1918 compró la granja Nørholm en Grimstad (Noruega).

Allí construyó, a unos minutos andando del edificio principal, una cómoda cabaña en la que instaló su estudio con un escritorio y rodeado de una gran librería repleta de libros.



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Fuente:
http://faircompanies.com/news/view/espacio-y-obra-10-cabanas-trabajo-escritores/


Rebeca Erro

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