miércoles, 13 de mayo de 2015

"Flores arrancadas a la niebla". Teatro de exilio para leer, ver y conversar

Exiliados, desterrados, personas que han sido arrojadas del mundo... El abandono forzoso del hogar, un tema tristemente real y cotidiano, es también un argumento literario que se muestra con dolorosa intensidad en diversos géneros. En este trimestre, nuestro club de lectura se detiene ante el dolor del exilio para analizar su imagen literaria en ejemplos de diferente género.

Para abrir el ciclo, nos situamos ante una obra teatral, Flores arrancadas a la niebla, en una doble cita: un primer encuentro para comentar nuestras sensaciones ante el texto y, al día siguiente, la representación de la obra de la mano de "La Cuerda teatro" seguida de una tertulia de los lectores con las actrices.

SOBRE EL AUTOR: ARÍSTIDES VARGAS

Arístides Vargas, nació en Argentina en 1954 y, tras estudiar teatro y trabajar en diversos grupos, se vio obligado a exiliarse por el golpe militar, en 1976. Este hecho marcará su obra dramatúrgica, caracterizada por la idea del desarraigo y el peso de la memoria. "Soy un dramaturgo que escribe sobre los traumas", ha confesado en alguna ocasión.

Vargas ha dirigido importantes grupos y compañías latinoamericanas: La Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, el grupo Justo Rufino Garay, de Nicaragua, el grupo taller del Sótano, de México, la compañía Ire de Puerto rico, etc. Es fundador de uno de los grupos teatrales más prestigiosos de América Latina: el grupo Malayerba de Ecuador, que dirige en la actualidad.

Entre otras, es autor de las siguientes obras: Jardín de pulpos, Pluma, La edad de la ciruela, Donde el viento hace buñuelos y Nuestra señora de las Nubes.

En sus obras Arístides Vargas plasma todo el dolor que emerge de su exilio. Crea, a partir de su experiencia personal, nuevos mundos y espacios no realistas en donde los personajes transitan una dimensión fuera del tiempo y del espacio objetivos. A través del juego, el olvido, el sueño y el sonambulismo, Vargas expresa el dolor que causa la violencia, la pérdida de identidad o el desarraigo. El tono de sus obras es de nostalgia y lirismo, pero también rezuma humor, una forma de reivindicar la risa como efecto sanador ante tando dolor.

En 1997 recibió el Premio Nacional de la cultura de Ecuador. Universidades de todo el mundo estudian la propuesta poética de su dramaturgia.

LOS LECTORES ANTE EL TEXTO: martes 12 de abril

Flores arrancadas a la niebla es una obra de teatro pulicado por Artezblai en 2008 en un volumen que también incluye La exacta superficie del roble. Tras su lectura, los tertulianos del 'Café con libros' destacaron la dureza de un texto tan potente como desconcertante, compuesto por imágenes metafóricas ("estoy junto a las flores azulinas condenadas a vivir en la niebla, si las cortaran morirían en minutos, estoy junto a ellas sujetas al lugar donde nacieron, sujetas ellas a su luz, no toleran la luz de otro lugar...") y diálogos absurdos, que nos sitúan en un contexto onírico y evidencian la dificultad de comunicarse con otras personas.

La experiencia de la lectura fue difícil. Poco habituados a enfrentarse con un texto teatral, los miembros de la tertulia señalaban la dificultad para enganchar con un texto complejo, con pocas descripciones y con un carácter muy abierto y simbólico, lleno de densidad. Resultó necesario forzar al máximo la atención y también la imaginación, tratando de poner cara a las dos mujeres protagonistas cada vez que intervenían en la obra. La mayor parte de participantes comentó que había leído más de una vez el texto para tener la sensación de haber llegado hasta el fondo.

Los comentarios más repetidos aludían al carácter poético de la obra, a la delicada elaboración de las frases y al simbolismo de algunos elementos como la estación, la cuerda o el tren, que trasnsmitían todo el dolor de una vida en tránsito, sin destino fijo. También se señaló, aunque no fue una opinión mayoritaria, el humor presente en muchos pasajes, sobre todo a través del juego con el lenguaje.

Pese a las dificultades, la valoración de la sesión fue muy positiva. Tras el reto de la lectura, los lectores se vieron reconfortados, como en otras ocasiones, por el  minucioso análisis y el enriquecedor diálogo. El comentario general fue que el texto había dejado un importante poso. El interés hacia la representación de la obra era máximo.

LA REPRESENTACIÓN DE LA OBRA:
miércoles, 15 de abril
Compañía: La Cuerda Teatro.
Dirección: Maite Redín
Intérpretes: Maider Lekumberri y Maitane Pérez

Según las propias actrices afirman, La Cuerda Teatro surge de una común necesidad de expresar y comunicar de una manera más poética. Ambas admiran el teatro de Arístides Vargas y han tenido ocasión de vivir de cerca su trabajo, lo que permitió aglutinar intereses y ganas de iniciar juntas este viaje.

La experiencia de asistir a esta representación teatral después de la sesión preparatoria no pudo ser más satisfactoria. La sensación del público fue que las palabras tomaban cuerpo y vida. La voz de las actrices, sus emociones y su movimiento en escena consiguieron trasladarnos a ese no-lugar especial construido por autor y actrices en el escenario, un paisaje metafórico que, reforzado por la puesta en escena, iba y venía de nuestra imaginación a las vías del tren, al paisaje del exilio.

El trabajo de estas dos magnificas profesionales permitió completar la ambigüedad del texto y rellenar los huecos de nuestra lectura. La frialdad de las frases sobre el papel cobraba mil matices en el escenario, transmitiendo sensaciones, miedos y afectos: el poder comunicativo del teatro había dado resultado.

EL DIÁLOGO ENTRE LECTORES Y ACTRICES:

Después de la representación, y tras un breve receso, tuvimos una nueva tertulia, en esta ocasión con la presencia de las actrices. Fue una magnífica ocasión para intercambiar puntos de vista sobre la obra, descubriendo el proceso de creación de los personajes y el trabajo de ambas artistas para ir acomodando en su interior el texto de Arísitides Vargas.

En la conversación fuimos retomando diferentes aspectos que se habían planteado en el análisis del texto teatral: las emociones de las dos mujeres, la relación que se establece entre ellas y su evolución con el paso del tiempo; La impotencia del exiliado y su permanente sensación de extrañamiento; La humillación y los abusos de poder que, no sólo obligan a emigrar, sino que someten a quien cruza la frontera a abusos y vejaciones... La obra abría nuevas puertas que el público descubría con emoción, al sentirse cómplice de un complejo trabajo creativo cuyo resultado enriquecía el ya de por si valioso punto de partida.

Así, el tratamiento del lenguaje adquiría un nuevo brillo en la voz de las artistas, resultaba más real y cercano, mucho más elocuente. La tristeza de ambas mujeres también se hacía más perceptible, según se dijo, en la representación teatral, más dolorosa y pesada. Y lo mismo sucedía con el humor, con el juego verbal -que hacía patente el ingenio del autor-, y con el carácter surreal de algunas escenas, evocadas por el público a modo de ensoñación o enajenación metafórica.

Gracias a este encuentro, el aprecio por la obra se incrementó y el regusto del texto y de la representación adquirió una nueva intensidad al sumar el valor del diálogo con Maider y Maitane, las dos mujeres que habían dado vida a Raquel y Aída.

La conclusión de los participantes, además del interés de la experiencia vivida, fue que, como sucede con la pintura abstracta o con la poesía, lo más importante no es tratar de comprender o desmenuzar cada palabra, sino dejarse llevar por su fuerza y por la emoción que suscita.

Y sí, Arístides Vargas y La Cuerda Teatro, han conseguido emocionarnos y, de paso, descubrir una voz diferente y muy personal que relata la experiencia del exilio.

(Crónica de Villar Arellano)

EXILIO INTERIOR
una colaboración de Elena Castro (lectora del Club "Café con libros")
 
Se murió porque ella quiso.

¡Callada -le dijeron-, callada
incluso en la mirada!
¡No digas nada!
Una palabra tuya, y morirás.

Palabras locas y desesperadas,
se amontonaban, atropelladas
en la oquedad húmeda y caliente de su boca.
¡Mastica y traga! Antropófaga de ti misma,
digiriendo tu esencia y tu alma.

No me nutren –cada día estás más delgada-
estas mis palabras.
En el estómago un vacío, un silencio de palabras.
Y en el aire un alfabeto que en silencio mata.

La m con la a, ma; la p con la a, pa…
Deletreo despacio. ¡Qué lengua extraña!
M de mañana, me dices.
P de paz, me engañas.
Mas bien parece una muerte temprana.

Necesito derribar estas paredes,
esta mordaza de agua.
Y no me digas más que me calle,
ya no hace falta.
Una florecilla, azul como un adiós, me ha nacido
y con ella me basta. Mi silencio la alimenta,
nutrida de memoria atrasada.

Y noto que me lleva, que me arrastra
más allá de vuestros signos, diccionarios
y proclamas.
Compañera cómplice más acá de la añoranza.
Me ayuda a no seguir, a no luchar contra esta farsa.

“Se murió porque ella quiso”-te dirán-
y no creerás nada.












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